He aquí por qué American Horror Story nos hizo gritar durante más de una década

“American Horror Story”, como tantas series populares, vive y muere no de la palabra de sus satisfechos fans de Internet, sino de su capacidad para satisfacer las necesidades interconectadas de su género, su tiempo y su audiencia. En cuanto a la última de estas entidades, la serie debe cumplir con la misma carga de entretenimiento que todas las demás series de larga duración: debe contar una historia apasionante, con personajes que sean complejos, provocativos, identificables y significativos, y garantizar que la historia no no se vuelve predecible, redundante o (en el sentido literal) pierde su trama proverbial, una forma de tranquilidad que su evolución continua brinda fácilmente.
Desde el principio (para parafrasear la respuesta de Ryan Murphy a Festival Paley 2013), él y Brad Falchuk sabían que querían crear una antología, una en la que la trama, el estilo y el subgénero cambiarían cada temporada, y que (sabiamente, como diría el tiempo) utilizaría el mismo núcleo de jugadores. , a lo Orson Welles. Al elegir repetidamente a los mismos actores talentosos, queridos individualmente y reconocibles, la serie puede manejar múltiples demandas a la vez.
Ver al mismo actor en dos roles drásticamente diferentes resalta la singularidad de cada iteración que ver a dos actores diferentes en dos roles drásticamente diferentes, ya que no podemos evitar comparar y contrastar los dos. Además, permite que la serie pase de una temporada a otra sin que cada una se sienta tan alejada de la anterior como para perder el hilo conductor que ayuda a “AHS” a satisfacer las necesidades igual de importantes de su género y de su época.
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