Jonás Trueba: "El séptimo arte no tendría que ocultar nuestra fragilidad ni manipular al espectador"
Imaginen una obra cinematográfica que rescata casi intacta una cinta anterior, la cual a su vez narra y festeja el propio proceso de rodar. Estamos ante cine que reflexiona sobre el cine, cine que se alimenta de sí mismo, o si se prefiere, una experiencia elevada al cubo. Los ilusos 13+13 no debería etiquetarse como el último trabajo de Jonás Trueba, aunque en esencia lo sea. Tampoco sería adecuado presentarla como una mera reposición o reedición de su segundo largometraje, filmado en 2013 —hace justo trece años—, aunque la realidad obligue a aceptar esa descripción simplista.
«Siempre sentí que le debía algo a Los ilusos (título original) y que, más temprano que tarde, regresaría a ella. En su estreno solo logramos salas de segunda tanda porque éramos plenamente conscientes de las trabas de la distribución. Nos habíamos quedado sin fondos y, en aquel momento, percibía que ofrecíamos un producto algo incompleto. Quedó como una tarea pendiente», confiesa el realizador. Hace una pausa y prosigue: «Además, entonces coincidió con el cierre de muchas salas. Había una atmósfera de apremio porque el modelo cinematográfico del siglo XX agonizaba tras la crisis de 2008». Silencio de nuevo. «Al revisarla hoy, todavía me identifico con Los ilusos, aunque ya no habite el instante en que la concebí. Pero hay algo en la energía con que la hicimos, en cómo nos reunimos, en la confianza que germinó entre nosotros… que anhelo conservar siempre. Al final, esta nueva propuesta es, sobre todo, un ejercicio de memoria —no de nostalgia, sino de memoria— con todo lo absurdo que pueda resultar». Queda claro el propósito.
El origen de una deuda: de la precariedad a la reinvención
Para contextualizar, Los ilusos 13+13 recupera aquella cinta original añadiendo algunas tomas del negativo en color, acompañadas de ajustes mínimos. Podría entenderse como una versión personal al estilo de Pierre Menard: idéntica en apariencia, pero radicalmente distinta en su esencia. De repente, lo que se proyecta cobra una vitalidad inédita y se erige como un manifiesto involuntario lanzado hacia el porvenir. La trama sigue a un director de cine (Francesco Carril) que se busca a sí mismo a través de la película que está por hacer y de sus amores fortuitos (encarnados por Aura Garrido). Vista desde hoy, la obra se revela como una declaración de principios a favor de un cine que se construye y deconstruye ante los ojos del público, en oposición al cine prefabricado, dominado por fórmulas, algoritmos y lugares comunes.
«Puede que me equivoque, pero existe un momento en la vida, sólo un momento, en que somos conscientes de que somos genios o enamorados. O una cosa u otra, imposible ambas. Y cuando ese momento llega tenemos la vaga certeza de que arrastraremos nuestra carga, sea la que fuere, hasta el final de los días. Yo superé ya el momento. Sé que nunca alcanzaré las cimas de la genialidad y, lo más abrumador, acongojante aún, sé que el momento del amor se escurrió entre mis dedos para siempre. Así, ni tengo nada ni espero nada».
— Chusé Izuel, cita que preside la película
La artesanía frente a la manipulación mediática
«Siempre me ha atraído mostrar el oficio, hacer sentir a quien mira que estamos rodando la película en ese mismo instante. No es un alarde metacinematográfico, sino más bien lo contrario: la intención es compartir. Cuando leo, me gusta percibir al escritor mientras escribe. Es una cuestión de complicidad», explica Trueba como antesala a todo aquello que critica. «Por eso considero crucial recordar ahora el momento de Los ilusos. Actualmente, con el auge de las plataformas, nos topamos con muchas cintas cuyo único fin es ocultar el propio cine, crear una realidad alternativa que nada tiene que ver con nosotros. Se ve demasiado a menudo a cineastas cuyo único empeño es vendernos la moto. Y no va de eso. El cine no debería engañar, ni manipular, ni esconder nuestro ridículo más íntimo». Estas palabras resuenan con fuerza en un panorama donde el algoritmo dicta tendencias y la autenticidad se diluye.
- Rechazo a las fórmulas preestablecidas: Trueba defiende un cine que muestre sus costuras, que admita la imperfección y la duda.
- Crítica a las plataformas: Señala que muchas producciones actuales buscan crear burbujas de ficción ajenas a la experiencia humana real.
- Valoración del trabajo colectivo: La confianza entre el equipo, los actores y el director es el núcleo de su método.
A pesar del entusiasmo por lo novedoso y la celebración de lo compartido, tanto la versión original como esta revisitación albergan un poso agridulce, una conciencia de final de época tan trágica como, gracias a la ironía, cómica. La cita de Chusé Izuel que preside el filme lo condena a vagar por los territorios siempre heridos y melodramáticos de la juventud. En un instante clave, todo se detiene y aparece ese texto sobre la genialidad y el amor perdido.
El cine como multiplicador de vidas y memoria colectiva
Si algo sostiene a Los ilusos 13+13 es la necesidad casi urgente de recuperar el cine como amplificador de existencias. «Como se escucha en Yi Yi, de Edward Yang, el cine multiplica por tres la vida, es un condensador de vidas», apunta Trueba. También insiste en la obligación de rescatar la memoria: «El cine solo tiene sentido como flujo constante desde figuras como Dreyer, Ozu, Chaplin o Renoir hasta nosotros». Y añade con entusiasmo: «Por cierto, maravilloso el texto del papa León XIV en defensa de las salas». Así, la propuesta acaba siendo cine que se contempla a sí mismo, cine que devora cine y, al mismo tiempo, devora vidas.
Para quienes deseen profundizar en este universo, existen recursos que enriquecen la mirada: desde libros sobre cine independiente y dirección artesanal hasta ediciones en Blu-ray de la filmografía de Jonás Trueba. También resulta útil explorar equipos de proyección para recrear la experiencia de sala en casa, así como ensayos que analizan el metacine y la autorreferencialidad. Cada uno de estos materiales permite comprender mejor el contexto de una obra que se resiste a ser etiquetada y que, en su aparente sencillez, encierra un alegato profundo sobre el sentido del arte cinematográfico.
Contenido original en https://www.elmundo.es/la-lectura/2026/06/18/6a217403e85ecef4168b45c6.html
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